miércoles, 20 de febrero de 2013

Pensar que estás bien. Y no estarlo. Y darte cuenta cuando te estás retorciendo en la cama, es un dolor agudo en el pecho, en la cabeza, en todos lados... Y tenés ganas de desaparecer, de borrarte, de no existir. Y solo brotan lágrimas, y una necesidad terrible de parar el dolor. Ese que te sale del cuerpo, que no te deja respirar. Ese que se parece a un ataque de pánico. Si ya no te acordabas lo volves a revivir, como años atrás... el miedo, el miedo que hace que todo se vuelva oscuro... y vos estás allí... que te tiemblen los brazos, que te suden las manos... y cuando por fin termina estás aplastada. no tenés ganas de nada. y no tenés donde esconderte. así que cerras la mísera puerta que te separa del resto de las personas, y te quedas en medio de la cama tratando de calmarte. pero todo sigue ahí. todas las razones por las que explotas, todas siguen. y seguis sintiendo la misma opresión en el pecho, la que te recorre la garganta hasta salir pavorida por tu boca en una oleada de gritos. dejas de escribir porque...

todavía no podés hacerlo
todo parecía tan calmo, tan tranquilo. pero eras la única que sabía que no era así.
¿y quién puede ayudarte?
¿quién puede calmar tu dolor?

todavía no.
y ahora solo querés quedarte acostada por siempre, taparte la cara y no ver la luz. taparte el cuerpo. el alma. que nadie te vea, que nadie te hable. perder el sentido. perder. perderte.

sentis que el cuerpo te pesa.
el brazo, ese brazo, te pesa. y se acalambra. te arde. pero no importa en lo absoluto. ojalá tuvieras el valor y la decencia de hacerlo.

todavía no.
te conformas con repasar las líneas, repasarlas hasta que quedan rojas.
que lindas son las rosas.

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